Crítica y Ensayo

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¿CUÁL ES LA ESENCIA DEL ARTE?

por Mónica Saldías

 En su título The Role of Theory in Aesthetics (1956) Morris Weitz cuestiona todas las teorías que hasta entonces habían intentado definir la naturaleza y la esencia del arte. Constata que la carencia de todas ellas es el resultado de una mala interpretación del arte, que ninguna teoría sobre el arte en realidad es posible, y que el esfuerzo por alcanzar una definición de arte debe ser abandonado como lógicamente posible, ya que el arte, en todas sus manifestaciones, no muestra ninguna propiedad individual en común que pueda definirlo. En lugar de preguntarse por la naturaleza y la esencia del arte, propone Weitz, es necesario preguntarse qué tipo de concepto representa el arte y qué función tiene.

Weitz intenta demostrar así que la insuficiencia de las teorías no son el resultado de dificultades de la propia creación de teorías, sino que lo que realmente sucede es que las teorías son erróneas  porque es absolutamente imposible e inútil intentar definir la última naturaleza del arte como algo que habita su esencia.

En el espíritu de Wittgenstein, y bajo su indudable influencia, se sirve Weitz de términos como "juego" y "familia de semejanzas".  "¿Qué es juego?", se pregunta Wittgenstein. Según el filósofo austríaco sería erróneo afirmar que seguramente todos los juegos tienen algo en común  porque de lo contrario no se llamarían juego; de lo que se trata –dice Wittgenstein- es de considerar, de ver y de encontrar semejanzas entre ellos.

Ahora bien, sobre esta base Weitz afirma que si observamos lo que normalmente se denomina arte en realidad no encontramos propiedades en común, sino apenas semejanzas. Saber, entonces, qué es arte significa -siempre en el espíritu de Wittgenstein- reconocer, describir y explicar lo que llamamos arte a la luz de dichas semejanzas. Reconocimiento, según Weitz, -y por cierto lejos del concepto aristoteliano del término-, refiere al encuentro de ciertas características en una obra de arte; características que hagan posible asociarla con otras obras de arte anteriores en el tiempo. Este tipo de asociación permitiría que una obra fuera reconocida como obra de arte.

Ninguno de los criterios de reconocimiento en sí mismos serían ni necesarios ni suficientes como criterios de definición porque raras veces -agrega Weitz-  podemos afirmar que algo, de facto, es una obra de arte. Sin embargo, el propio Weitz  constata que muchos de los criterios de definición se cumplen, pero que las complicadas redes de semejanzas y familiaridades a las que diferentes obras de arte nos refieren son, en realidad,  los únicos modelos relevantes. Su argumento implica no solamente que el arte carece de propiedades comunes, sino más bien que la lógica del concepto no le permite al arte necesariamente poseer dichas propiedades en común.

Según Weitz todas las teorías estéticas serían inadecuadas ya que intentan atribuir  propiedades suficientes y necesarias a algo que en realidad no posee ni la una ni la otra. Y si de todos modos intentamos atribuirle al arte estas propiedades -dice Weitz- corremos el riesgo de que el concepto de arte acabe constituyendo un concepto cerrado; y si entendemos el arte como un concepto cerrado excluimos entonces las posibilidades creativas del mismo.

Wittgenstein afirmaba que la claridad que la filosofía busca no resulta posible alcanzar a través de tesis o teorías dado que estas siempre pueden cuestionarse; siempre están abiertas a discusión. El arte es en sí mismo un concepto abierto y cambiante, dice Weitz, un campo que se jacta de originalidad e innovación. Y aunque fuera posible descubrir una manera de definir condiciones que incluyan todas las posibles obras de arte no habría garantía de que el arte del futuro no hiciera todo lo posible para hacerlas volar por los aires. Lo que convierte un concepto en abierto es que las condiciones para su aplicación puedan cambiar y corregirse, concluye Weitz.

Y agrega que la lógica del concepto de arte no solamente es abierta sino también compleja dado que supone dos usos diferentes, descriptivo o valorativo. No todo lo que llamamos "obra de arte", dice,  puede valorarse en esos términos. Este es un uso valorativo que hace que el concepto se vuelva discutible y controvertido. Definiciones de arte suelen estar disfrazadas de intentos de recomendar qué es lo que deberíamos valorar como arte. Estas teorías tradicionales, afirma Weitz, han sido realmente valiosas como propuestas de valoración de ciertas normas de superioridad en el arte o como razonables recomendaciones de que en cierto modo llaman la atención ciertas características en el arte. Pero como teorías filosóficas son engañosas porque el objetivo de las teorías filosóficas no es ni valorar ni recomendar, sino el de dar una descripción lógica y conceptualmente clarificante.

Para Weitz lo más importante es reconocer y encontrar analogías, describir y explicar. Pero si bien Weitz entiende que es imposible definir la propia naturaleza del arte, en su "teoría" sobre el rol de las teorías en la estética intenta, él mismo, de todos modos sentar las bases para hacer exactamente lo mismo poniendo el énfasis en reconocimiento y semejanzas. Pero ¿cuál es la diferencia -otra que en grados- entre reconocimiento y definición de propiedades, es decir, exactitud a través de delimitación?

Parece ser que Weitz más bien quiere decir que una definición de una propiedad o un concepto de necesidad es o debe ser algo superior a un acuerdo o convención de carácter conceptual. Por supuesto que es posible definir lo que es un "juego": la teoría matemática del juego es justamente lo que hace. Y la definición es entonces nada más ni nada menos que una convención, una convención de carácter conceptual. Desde esta perspectiva y desde esta convención puede por supuesto desarrollarse luego un sistema lógico.

Sin  definiciones generales establecidas es sin duda peligroso crear teorías estéticas sobre algún tipo de propiedades inherentes y comunes al arte. En este sentido, es comprensible que Weitz en primer lugar reclame y busque un análisis de la función del arte, así como un concepto básico más amplio a continuar desarrollando, cosa que lamentablemente en realidad Weitz no hace.

Morris Weitz parece también señalar que en la propiedad de necesidad se da una contradicción entre dinámica y definición. Que dada la creatividad y la mutabilidad del arte no solo sería difícil sino sin sentido buscar definir, precisar y crear teorías sobre el arte.

Queriendolo o no Morris Weitz termina afirmando que solamente sería posible la aplicación de teorías en sistemas y relaciones estáticas, y por añadidura negando la posibilidad de que sistemas teóricos se ocupen de procesos creativos, dinámicos y de cambio. Un camino por demás peligroso.


Morris Weitz. The Role of Theory in Aesthetics.

L. Wittgenstein. Philosophical Investigations.