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Patricia Suárez nació en Rosario, Santa Fe, Argentina, en 1969

 

. Ha publicado la novela Aparte del Principio de la Realidad (Editorial Municipal de Rosario, 1998); los libros de cuentos Rata Paseandera (Bajo la Luna Nueva, 1998), La italiana (Ameghino Editora, 2000) y Completamente solo (EUDEBA, 2000); el libro de poemas Fluido Manchester (Siesta, 2000) y el cuento para niños Historia de Pollito Belleza (Monte Ávila, 1999).

En 2000 obtuvo el Primer Premio en el ciclo de Teatro Leído de Argentores por su obra Valhala; y en 2001, su cuento Los éxitos en los negocios, fue premiado por la Editorial Sial de Madrid.

En proceso de edición: libro de cuentos El abedul (Segundo Premio en la Bienal Internacional de Literatura; Editorial de la Universidad de Puerto Rico).

 

 

EPIGRAMAS

 

a la carta

1.

la discusión de mi corazón consigo mismo, Teodora,

era la siguiente: si haberte conocido

fue una dicha desastrada o lo más

más semejante al momento de la muerte.

 

2.

tus piernas de seda, Teodora bailarina,

relumbraban como puntudos picos de mosquitos ribereños

encandilados por faroles de vidrio esmerilado,

las estelas de luz roja, quichicienta,

a través de la dulce ordinariez de tus medias.

 

3.

Distraída, perversa Teodora que olvidaste una carta en el taxi

destinada a un rival dueño de mis infaustos amores

y los celos me hicieron debatir cual ladrón

con una cerradura herrumbrada que chirría;

el "él" era "yo" en la misiva, a ciencia cierta difícil

diferenciar un el de otro él;

Teodora: tu carta adolecía de faltas de ortografía

 

4.

Porque tienes celos, Teodora, de la sabia Margherita

que nada pide si nada se le ofrece,

veloces son sus pies para marcharse, veloces, también,

para regresar. Sus labios nunca gimen esos reproches tuyos,

incomprensibles, que suenan a la distancia

como el pollo al borbotón que tu tío Migor

echa en una olla hasta el tope llena con ajo y con cebolla

porque no cuenta con los pesos para comprarse el pimentón

-español o de cualquier otra nacionalidad-

en el almacén de la vuelta de tu casa.

 

5.

preguntabas ingenuamente, Teodora (como lo haces todo),

contemplando las cúpulas de la catedral envuelta en nubes

cual una hetaira entre sábanas de raso y hopalanda,

si los ángeles sentados allá arriba y jugando a las cartas

eran capaces de creer, como nosotros creíamos,

en las macilentas palomas.

 


 

KINDER

el resto

de la cabeza

de ajo

que mamá

ponía a quemar

para la buena fortuna

ardía,

la llama

tenía olor a tu cabello.

licuado

carioca

batido

de banana y leche

con hielo picado

mucha azúcar,

la felicidad

en su defecto,

postre sandy de vainilla:

la plusvalía


© Patricia Suárez

Textos publicados con la autorización del autor